Desbrozando, que es gerundio…

Eso mismo deben pensar muchos empresarios y trabajadores que cada día acuden a su puesto de trabajo con el alma en vilo. Alrededor de sus naves crecen, como por generación espontánea, jérguenes, matojos y cañas sin que a nadie parezca importarle. Estos elementos naturales, y en ocasiones, resultones a la vista, junto con las altas temperaturas veraniegas son el binomio perfecto para que haya un incendio. Llegado ese caso, ¿estamos preparados en los polígonos para afrontar un caso así?
De poco sirven los planes de protección de incendios que los empresarios se esmeran en cumplir en el interior de sus naves, si no cuidamos el entorno.
El célebre arroyo Las Cañas -por algo le viene el nombre-, por ejemplo, es un verdadero nido para esta clase de situaciones de riesgo. Hay zonas, a la altura de El Viso, que son una verdadera jungla de maleza que se comen las naves aledañas. En caso de incendio es el polvorín perfecto y en el de inundación, el peor aliado para que el agua corra hacia el mar.
A quien corresponda, por favor, un poco de desbroce, hombre…

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